Paseando por Roosevelt Island

Hemos hablado varias veces de Nueva York y su abanico infinito de actividades. Roosevelt Island tiene varios motivos interesantes que justifican su visita. Por empezar, se puede ver la Gran Manzana desde una posición privilegiada. Disfrutar un poco el aire libre y la tranquilidad en una isla, muy cerca del ruido de una ciudad tan vertiginosa. Y encima a mi que me gustan los teleféricos, funiculares y demás, es un imperdible.

Se puede llegar a la isla por ferry, metro o el teleférico. Obviamente fuimos por esta última opción, conocida como Roosevelt Tram. Se paga con la metrocard, en nuestro caso teníamos la semanal y funciona sin problemas. La estación está en la intersección de la calle 59 con la avenida 2. Ahí nomás del Queensboro Bridge. Tiene una frecuencia normal es de 15 minutos y se reduce a la mitad en hora pico.

El trayecto es corto, son aproximadamente 3 minutos. Tiene una capacidad de 125 personas y en su punto más alto se eleva unos 76 metros. Vale totalmente la pena, aunque sea para ver la ciudad desde arriba.

La isla es pequeña, tiene unos 3 km de extensión por 250 metros de ancho. Se encuentra en el East River, en la misma viven unas 14.000 personas. Recorrimos parte de ella, siempre a pie. Hay un bus que da la vuelta entera y es gratuito, las paradas se encuentran ubicando los carteles rojos.

roosevelt island

Una vez en la isla, enfilamos para el extremo sur. En el camino nos encontramos con el Smallpox Hospital. En el se atendían a los enfermos de viruela hace más de 150 años. Hoy solamente quedan sus ruinas.

A pocos metros llegamos al extremo donde se erige el Franklin D. Roosevelt Four Freedoms Park. Lleva ese nombre por el famoso discurso que dio dicho presidente en 1941 en el Congreso. Estuvimos descansando allí un buen rato antes de seguir viaje.

Las vistas en Roosevelt Island son realmente maravillosas. Tuvimos la suerte que nos tocó un día soleado. No hay que olvidarse que estamos en una isla en medio del río y el viento se siente fuerte. Parece mentira poder estar en paz escuchando los pajaritos a nada de Manhattan y su ruido interminable.

Roosevelt Island

En la otra punta de la isla hay un faro, además se pueden ver otras atracciones como la torre octogonal, la capilla o una antigua casa colonial. Pero emprendimos el regreso por la otra costa de la isla hasta el tram. Ese era nuestro último día entero en NY, la jornada siguiente nos íbamos a Philadelphia (acá lo contamos). Llevábamos un trajín impresionante y estábamos fundidos mental y físicamente. Por eso nos perdimos de conocer el faro (y eso que me encantan).

Claro que tener un pendiente siempre es una gran excusa para volver…

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