Derribando mitos: ¿los franceses son mala onda?

Habíamos leído y escuchado muchos comentarios acerca de la poca predisposición de los franceses con los turistas. Que eran secos, que solo hablaban francés y se ofendían si te dirigías a ellos en otro idioma… en fin, distintas experiencias que tuvieron varios viajeros que anduvieron por tierras galas.

Con esos antecedentes llegamos a París en un vuelo desde Madrid. Ya de entrada nuestra primera interacción fue con un empleado del aeropuerto al preguntarle donde estaba la terminal sur. Sabíamos que desde allí teníamos un tranvía que nos acercaba al centro de la ciudad (y así ahorrar valiosos euros evitando tomar el tren). Muy amablemente nos indicó y además con una sonrisa dijo que era la terminal 4 y no la sur (antes eran Sur y Oeste pero al interconectarse ambas, pasaron a ser numeradas).

Antes de salir del aeropuerto fuimos a comprar la París Museum Pass. Nos atendió un empleado que hablaba 4 idiomas (así lo indicaban sus prendedores en el uniforme).
Nos dió un mapa marcando lugares de interés, además al ver que eramos argentinos nos dijo que era un amante de nuestro fútbol. Incluso que la noche anterior había visto un partido de nuestra liga (dijo el resultado y todo, no nos mentía). Predisposición total para cuanta pregunta tengamos.

En las tiendas pensábamos encontrar algún problema para comunicarnos ya que nuestro francés se limita a “oui” y “merci”. Pero no hemos tenido ningún inconveniente y eso que entramos a varias boulangeries y patisseries.

Simplemente tratábamos de reproducir lo que leíamos en los carteles. Siempre nos interpretaban con alguna sonrisa e incluso algunos corrigiendonos de buen modo la pronunciación.

Caminando por París nos ha parado un camarero para hablar de fútbol (la ropa de Boca, un imán para empezar conversación con alguien en cualquier parte del mundo) donde manifestó su admiración total por Bielsa y su simpatía por Newell’s.

Por supuesto que siempre depende de cada viajero y también de quien te toca del otro lado del mostrador. La realidad es que cada vez que salimos de viaje lo hacemos felices y abiertos a conocer lugares e interactuar con gente distinta a nosotros. Por eso también nuestra predisposición es la mejor y muchas veces quien entrega buena onda obtiene lo mismo.

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