Turismo en la nueva normalidad: nuestro viaje a Mar del Plata

playa grande

Como les anticipamos por acá y en nuestro usuario de Instagram, después de nueve meses volvimos a viajar. El finde extra large de diciembre nos permitió hacer una escapada a una ciudad muy especial para nosotros: Mar del Plata. Pero además es especial el contexto. Y este post viene un poco a contarles cómo es hacer turismo en esta etapa de nueva normalidad, ya no de aislamiento sino de distanciamiento social.

Para nosotros la elección de ir a La Feliz fue muy simple porque afortunadamente contamos con vehículo propio y alojamiento gratuito, la casa donde Ger pasó casi todos sus veranos. De manera que era una opción segura. Nos sirvió para sacarnos la mufa de tanto tiempo sin viajar, para acostumbrarnos a hacer turismo en este contexto y además probar a Nico en viajes largos en auto. Además necesitábamos un descanso; venimos trabajando ininterrumpidamente desde abril, en mi caso haciendo teletrabajo y maternando a la vez… no hace falta que les diga que estoy agotada.

Afortunadamente toda la experiencia resultó más que positiva.

El viaje en ruta fue fluido. No vimos micros prácticamente (sólo uno). Ya en Mardel nos dimos cuenta que viajaron más que nada aquellos que cuentan con movilidad propia. Quizás va a costar un buen tiempo que se vuelva a ver el caudal de visitantes que solía tener la ciudad. De nuestros amigos y familiares, sólo nosotros viajamos. La mayoría aún tiene temor y por otro lado es evidente que también hay un factor económico, ya que no ha sido un buen año para mucha gente.

mar del plata 2
Nico conociendo San Patricio, la playa donde papá pasó sus veranos…

En la ruta no paramos a cargar combustible porque no hizo falta, pero sí paramos para que Nico se alimente. Ger utilizó los baños del centro de servicios Las Armas. Los drugstores, abiertos. Hasta aquí, todo igual que antes.

No paramos en el famoso parador de Atalaya ni en el McDonald’s de Chascomús así que no sabríamos decirles si adentro había cupo limitado para sentarse o sólo take away, pero sí vimos muchos autos como siempre, así como en el famoso parador de Castelli.

Ya al ingresar a la ciudad de Mar del Plata tuvimos un control policial. Creímos que ahí nos pedirían el Certificado Verano, pero no ocurrió. Y de hecho no nos lo pidieron en ningún lugar.

Manolo Mar del Plata
Imposible no ir a Manolo. Nos quedamos esperando a que abriera

Al arribar a Playa Grande, donde hicimos la parada obligatoria para comprar churros (y alfajores, ya les contaremos) en Manolo, notamos bastante relajación de la gente respecto del uso del tapabocas. Y si, fue algo que lastimosamente comprobamos en todos los lugares por los que pasamos en Mar del Plata.

En los locales gastronómicos está habilitado para comer tanto adentro como afuera. Por lo que vimos, la distancia social se cumplía sin problemas. En el único lugar donde almorzamos (el mirador Waikiki) incluso nos tomaron la temperatura. Elegimos comer en el exterior, con vista al mar (y un viento importante, pero preferíamos eso a estar adentro).

waikiki mar del plata
Comimos muy rico en el Mirador Waikiki pero los precios, un tanto excesivos…

En los locales de venta de comestibles y demás, por ejemplo de alfajores, había cupos para ingresar. Así como alcohol en gel disponible en todos.

A la playa fuimos solo una vez, el día de mejor clima. Y por ese momento valió la pena todo el viaje: Nico disfrutó de la arena como no lo había podido hacer hasta ahora. No le quitaba los ojos de encima a otros nenes, ni a los perros que veía pasar. Para los niños estos meses fueron muy difíciles. Él se había desacostumbrado a ver a otras personas y encima al verlas con barbijo llegó a tener momentos de mucha angustia, por ejemplo al llevarlo a su control pediátrico. Por eso también queríamos salir un poco del encierro, por él. Por cierto, en la ruta lo pasó muy bien: ¡ama el auto! Durmió alguna siesta corta y la mayoría del tiempo permaneció despierto y jugando con algún juguete. Se la re bancó, y eso nos dejó tranquilos.

La gente cumpliendo con la distancia social

En las playas vimos que el distanciamiento se cumplía. En los balnearios privados te toman la temperatura, hay cupos limitados por carpa y si bien los vestuarios están habilitados no es posible utilizar las duchas por ahora. La regla, como en todos lados, es que se use el tapabocas en los espacios comunes… cosa que vimos que lamentablemente muchos no cumplen.

Para nosotros la experiencia fue muy similar a otras veces que hemos ido a la ciudad. Nos gusta ir al mar a descansar y no somos muuuy playeros, con lo cual nuestra exposición a lugares con gente fue corta. Así que la verdad es que sacando el uso del tapabocas, no sentimos que estos días en Mar del Plata hayan sido muy distintos a otras vacaciones. Uno de mis miedos, debo confesar, era sentir que nada volvería a ser igual. Pero no me pasó eso, al menos en este viaje.

En un mes viajaremos a Ushuaia en avión y será otro cantar. Ya les contaremos.

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