Volando en plena pandemia: de Cancún a Ezeiza

Previamente les contamos sobre nuestro esperado viaje por la Riviera Maya y como tuvo que interrumpirse abruptamente por la pandemia.
Se enteraron los pormenores de la situación, la cancelación de nuestro vuelo original y como obtuvimos otro que nos llevaría a casa.

En este post hablaremos sobre lo que fue tomar un vuelo en plena pandemia. Encontrarse con aeropuertos semi vacíos, ver las primeras medidas de prevención por el Covid, todas cosas totalmente nuevas para todos. Si bien todavía en Cancún la situación era muy tranquila, apenas había un par de casos de contagio.

La hora estipulada para el vuelo eran las 8:30 de la mañana. No queríamos sorpresas y más de cuatro horas antes estábamos en el aeropuerto. Nos tomamos un taxi contratado directamente desde el hotel ya que en la llamada Zona Hotelera de Cancún no funcionan Cabify ni Uber. Hay colectivos que te acercan a la terminal de buses ADO pero de madrugada con un bebé y todas las valijas no era opción.
El costo del taxi es de MXN 500 o USD 30.

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Al llegar a la terminal el panorama era triste, casi nadie circulando por la zona a excepción de los pasajeros que tomarían el mismo vuelo que nosotros. A eso se sumaban varios argentinos más varados, sin vuelos próximos que abordar, aguardando alguna respuesta ahí mismo en el aeropuerto. Se habían confirmado ya dos vuelos de repatriación de Aerolíneas Argentinas para los siguientes tres días, pero claramente no alcanzaba para todos. Hubo aproximadamente 20 vuelos de repatriación desde Cancún, sumando todas las aerolíneas.

Quedamos adelante en la fila ya que estábamos con un bebé. Durante la espera varias personas contaban sus penurias para conseguir vuelos, intentaban comunicarse sin éxito con las aerolíneas y consulados.
Nosotros quisimos agregar a Nico a la reserva pero fue imposible. Primero intentamos hacerlo directamente desde la página canjeando para él pero nos indicaba que no correspondía porque era menor de 2 años. Luego a través del WhatsApp que había puesto a disposición Aerolíneas Argentinas, no obtuvimos respuesta.
Afortunadamente no tuvimos ningún inconveniente en el check-in, incluso nos dieron los asientos con cuna como a la ida.

Cambiar pañales en el baño de un avión debería ser deporte olímpico

El control de seguridad fue veloz, luego de eso seguimos hasta pre-embarque. Es un camino largo con varios negocios, los cuales muchos estaban cerrados (eran poco más de las 6 de la mañana, quizá por eso). El free-shop permanecía abierto.

Venía siguiendo el recorrido del avión que nos llevaría a casa desde la noche anterior. Al ver que había despegado de Ezeiza me tranquilicé y más aun cuando vi que ya había aterrizado en Cancún. Pero la mejor sensación fue cuando nos anunciaron la puerta de embarque: me acerqué a ella y vi el avión esperándonos. Alivio total.

De repente el estómago que llevaba casi una semana cerrado se abrió de golpe. Divisamos un Johhny Rocket’s, lo hemos visitado en Estados Unidos y Panamá. Se especializan en hamburguesas y las comeríamos de desayuno sin problemas pero vimos que tenía hotcakes y tostados por lo que pedimos eso. No se si era el hambre, el alivio por volver o que, pero estaba riquísimo todo.

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Antes de embarcar la tripulación del vuelo nos contó como serían los procedimientos a bordo. Todos estaban con barbijos y guantes (no así los pasajeros, recién comenzaba la pandemia).
Párrafo aparte para toda la tripulación que nos atendió muy bien, incluso le armaron la cuna a Nico y estuvieron siempre atentos a cualquier necesidad.

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El vuelo estuvo correcto, Nico apenas pudo dormir, lamentablemente había un nene en la otra fila que no paraba de gritar ante la pasividad total de los padres, ojalá Nico no sea así en el futuro! Infinita paciencia de las TCP que le daban de todo para que se calme.

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Antes de aterrizar nos dieron unos formularios con carácter de declaración jurada que había que llenar indicando donde íbamos a hacer la cuarentena y si teníamos/tuvimos algún síntoma.

Ya aterrizados tuvimos que esperar un buen rato en el avión hasta que se presente personal de sanidad en la manga. Justo había llegado un vuelo desde Lima y estaban con ellos.
Luego de bajar nos tomaron la temperatura y nos hicieron llenar otro formulario con datos similares a los brindados arriba del avión que entregamos al hacer migraciones.

En Ezeiza el panorama era aun más desolador que en Cancún: absolutamente todo cerrado. Mi hermano fue el héroe que nos dejó nuestro auto para que volvamos a casa y realizó las compras antes y después de nuestra llegada para que podamos cumplir la cuarentena.

coronavirus

El camino desde Ezeiza a casa fue una demostración de la pandemia, no vimos a casi nadie durante el trayecto, ni en auto ni a pie. Todo eso lo veníamos escuchando y viendo desde México pero sentirlo fue totalmente distinto.
Ojalá todo esto quede pronto como una anécdota y podamos subirnos a un avión nuevamente.

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