Quilmes, mi ciudad

Pejerrey Club Quilmes

Para este año teníamos planeado viajar a Tucumán y uno de los lugares que anhelaba visitar son las ruinas de Quilmes, allí donde empezó la historia (increíblemente tan lejos) de la ciudad bonaerense que me vio nacer y donde viví por casi tres décadas.

Hoy Quilmes cumple 354 años. La fecha es un tanto simbólica porque une dos acontecimientos: la llegada a esta zona de la provincia de Buenos Aires del castigado pueblo originario Kilme en 1666 desde Tucumán dando inicio a la Reducción de la Exaltación de la Santa Cruz de los Quilmes; y por otro lado el 14 de agosto de 1812 donde el Triunvirato extingió la Reducción y declaró a Quilmes “pueblo libre”. No tuve que googlear esto, lo sé de memoria: no hubo año de escuela primaria donde el trabajo práctico de las vacaciones de invierno no fuese investigar sobre la historia del partido. Incluso un año me recorrí media ciudad buscando un libro: “Quilmes a través de los años” de José Craviotto. Si el objetivo curricular era desarrollar orgullo, identidad y sentimiento de pertenencia por mi ciudad lo logró con creces.

El quilmeño y la quilmeña en líneas generales es alguien muy orgulloso/a de su ciudad. A tal punto que nos volvemos insoportables defendiendo a un alfajor (claro está, el Capitán del Espacio) y ante otros la defendemos porque por supuesto la consideramos hermosa y nos da orgullo. Bueno, este es un blog de viajes ¡y obvio que les voy a vender mi ciudad!

¿Por dónde comenzaríamos nuestro itinerario? Los invito en primer lugar al espacio que me vio crecer en mi barrio, el Museo del Transporte, un predio de varias hectáreas que es más que una colección de carruajes en caballerizas. Es el lugar donde los niños del barrio fuimos y son felices correteando y viendo a los títeres cada fin de semana. Para mí es especial además porque quien fue compañero de vida de mi abuela ocupó el puesto de administrador del museo. Al lado se encuentra mi querido Jardín de Infantes 919 donde mi abuela no sólo era la auxiliar que nos servía la merienda, también era un poco la abuela de todos. Acá quizás abuso un poco de mi historia personal, sepan disculpar. Pero es allí donde comienza el itinerario de mi vida que me llevó a descubrir tantos otros lugares en el mundo. 

El Museo del Transporte Carlos Hillner y Decoud es un predio de varias hectáreas en lo que era el casco de una estancia. Hoy alberga carruajes históricos, juegos infantiles, espacio verde y aparatos para realizar actividad física y allí se suelen realizar eventos como la Feria de las Colectividades. Me crié correteando ahí adentro porque viví a dos cuadras durante 29 años. Hoy lo disfruta mi sobrino. Foto: Google

Seguiríamos por la avenida Calchaquí donde te mostraría dónde se encontraba el icónico boliche Elsieland que unió a parejas y parejas quilmeñas y también de otros lugares, porque a Quilmes venía y viene gente de todos lados (eso siempre me sorprendió, los quilmeños no salíamos mucho de Quilmes). Acá ubico mi adolescencia; no es casualidad la línea de tiempo ni la geográfica. 

Tomaríamos luego la avenida Triunvirato y pasaríamos por el Parque de la Cervecería y si te gusta la cerveza obvio que tomaríamos una pinta (bueno, yo no porque no me gusta… ahí fallé como quilmeña). El paseo no está completo sin recorrer el barrio Villa Argentina que se hizo para los trabajadores de la Cervecería Quilmes. Sus casitas iguales, sus árboles parejos que en otoño regalan una postal única son imperdibles.

Villa Argentina, el barrio de los trabajadores de la Cervecería. Foto: Wikipedia

Claro está, luego pasaríamos por la fábrica para cerrar la visita cervecera. 

Continuaríamos hacia el centro pero antes hacemos una parada estratégica en Los Gallegos para pedir un cuarto de milanesa (que es para dos personas) y que amerita algún día un espacio en Rincón Glotón. El postre lo dejamos para la heladería Rialto, mi favorita y que no tiene nada que envidiarle al gelatto italiano. 

Nico en la UNQ
Con poco más de un mes de vida Nico conoció la Universidad Nacional de Quilmes; fue el día en que su tía se recibió

Ahora si, bajamos la comida caminando por la peatonal Rivadavia hasta llegar a la Plaza San Martín. 

Finalizamos con unos mates en la Ribera. Uno de mis lugares favoritos y que me gusta presumir porque no hay muchos partidos del conurbano con costa sobre el Río de la Plata. Y ahí quizás veamos desembarcar a los ingleses durante las primeras invasiones de 1806 o al almirante Guillermo Brown defender a la Patria frente a las costas de Quilmes en la guerra contra Brasil. Porque si algo no le falta a Quilmes es historia.

Ribera de Quilmes, de fondo el Pejerrey Club. Cuando Mar del Plata era inaccesible para los trabajadores antes de la llegada del peronismo, Quilmes fue su lugar de veraneo y recreación. Foto: Télam

También podríamos pasar por el estadio Centenario del Quilmes Atlético Club, decano del fútbol argentino, y gritar un gol para que vuelva a Primera; admirar la arquitectura de las señoriales casonas de Bernal, o si necesitás hacer compras, darte una vuelta por la calle 844 en la localidad de San Francisco Solano. 

¿Ven que en el conurbano también se puede turistear?

Quilmes es también un partido muy sufrido. Como todos, claro. El conurbano es así. Quilmes sale mucho en las noticias. Y casi nunca por cosas buenas. Bah, hay buenas noticias pero no son noticia. No conviene. No vende. Muchas de ellas vienen por el lado de la Universidad Nacional de Quilmes, su casa de altos estudios tan comprometida con la sociedad, que le ha dado un futuro a quilmeños que son en su mayoría primera generación de universitarios en sus familias, como ocurre en todas las universidades del conurbano. Eso ya es un gran motivo de orgullo. Quilmes tiene mucho para enorgullecerse y prefiero quedarme con esto siempre antes que con el discurso de “tierra de nadie” que nos quieren vender. Pero por supuesto también quiero verla bien, que progrese y que recupere el esplendor de antaño, siempre mirando hacia el futuro.

Bueno, creo que para variar esto me quedó un poco largo. Ya saben, soy una quilmeña orgullosa. No lo puedo evitar.

Felices 354 años, mi querida Quilmes.

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