Una obra, varias preguntas

Cuando planificamos los viajes siempre tenemos algunos lugares o eventos a los que queremos ir si o si. Y muchas veces en base a ellos armamos el recorrido.

Teníamos cuatro días para Londres, los cuales exprimimos al máximo. Agendamos para el primer día la visita al Museo Británico, muy famoso por tener la colección de objetos de la civilización egipcia más grande del mundo fuera de Egipto (otro tema es como llegó a Londres semejante colección). También fue sede de la película “Una noche en el museo 3”.

Llegamos a la capital inglesa un sábado provenientes de París vía tren. Dejamos las cosas en el Airbnb después de conocer a nuestra anfitriona (un gran personaje del que hablaremos algún día), partimos para el London Eye y de ahí caminamos hasta el museo. Son unas cuantas cuadras pero la idea era ir conociendo la ciudad.

Fue algo accidentada la caminata porque nos topamos con una enorme marcha por el Brexit. Si bien desde el London Eye la veíamos fue muy distinto tener que atravesarla, por momentos era tal el gentío que apenas se podía avanzar. Terminamos desviándonos un poco para alejarnos de la multitud.

Llegamos algo cansados al museo y tras una breve fila de seguridad pudimos ingresar (la entrada es gratuita). La variedad que tiene es impresionante, no pudimos recorrer cada rincón en detalle ya que arrastrábamos el cansancio de un día largo, nos levantamos muy temprano y en otro país, nos desplazamos con los carry on y mochilas… ya las energías estaban bajas.

Pero hubo algo que me llamó mucho la atención, incluso más que las momias egipcias o el frontón del Partenón. En una sala me topé con esta obra:

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Me generó curiosidad el texto “es más barato imprimir esto en billetes que en papel”. Claramente hacía referencia a una moneda devaluadisima, si bien la inflación no es algo ajeno a nosotros, tampoco a ese nivel (al menos por ahora 😛 ).

Se trataba de la moneda de Zimbabwe y al mirar más detenidamente los billetes, veía denominaciones altísimas lo cual aumentaba aún más mi curiosidad. Afortunadamente, el museo (como la gran mayoría de las atracciones turísticas) cuenta con WiFi gratuito por lo que me puse a investigar al respecto.

No los voy a aburrir con la triste historia económica de Zimbabwe aunque igual les recomiendo un breve resumen de Wikipedia muy ameno para leer. Tiene con ejemplos muy didácticos para entender como perdía valor día a día e incluso minuto a minuto la moneda. Lo que quería resaltar en el post es como en un museo puede haber millones de cosas que quizás no generan nada, o si pero es simplemente un momento de admiración de la obra mientras pasás a la siguiente sala, y como hay otras que parecen muy simples o de relleno y de repente son un disparador para interiorizarse sobre un tema.

Hemos tenido la suerte de ir a varios museos, con obras famosísimas pero donde solo queda la foto. Como La Mona Lisa en el Louvre, que es un cuadro chiquito con barras imponiendo distancia y tres millones de chinos amontonados a los empujones por una selfie inexplicable.

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Eso es lo más cerca que uno se puede acercar a La Mona Lisa

La clave, como siempre me dijo mi mamá, es la curiosidad. Preguntar, preguntarse, investigar. De Zimbabwe sabía que antes se llamaba Rhodesia (seguro que la golosina tuvo algo que ver), su bandera y que su selección nunca jugó un mundial. Ahora por esta obra también sé que tuvo un billete de 100.000.000.000 que al entrar en curso solo equivalía a 30 dólares.

Todo por culpa de uno de los más de 8 millones de objetos que tiene ese museo.

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