Mirador y casa de té Arrayán en San Martín de los Andes

Durante nuestro viaje a la bella San Martín de los Andes realizamos una muy linda actividad que incluyó algo de ejercicio físico y a la vez comer cosas ricas en un entorno inigualable.

En realidad, podemos decir que le dedicamos buena parte del día a ejercitarnos pues lo comenzamos remando, haciendo káyak en el lago Lácar. Era nuestro primer día entero en la ciudad. Alquilamos el equipamiento a un señor muy amable frente a la costanera y estuvimos una hora disfrutando en soledad en el medio del lago. Literalmente estábamos solos, no había nadie más. La sensación es única. Nunca habíamos hecho kayak y nos encantó.

Luego de esa hermosa experiencia volvimos al departamento, disfrutamos de la pileta climatizada para recuperarnos y luego de almorzar nos fuimos hacia el objetivo de la tarde: ascender al mirador Arrayán y culminar en la casa de té del mismo nombre.

Para ello nos dirigimos hacia el fin de la zona urbana en el lado exactamente opuesto de donde comienza el sendero Bandurrias, como contamos en este post. Debemos ir hacia la ruta 40 como si fuésemos a iniciar el Camino de los Siete Lagos pero nos desviaremos antes a la izquierda, tomando la calle Juez de la Paz Julio César Quiroga y allí vamos a comenzar a ascender y a obtener las primeras vistas de San Martín de los Andes.

Hay que decir que si bien hicimos este sendero a pie pueden subir perfectamente tomando un taxi o remis y también hay un bus que asciende, pero la verdad es que el trekking no es tan largo y vale la pena. Por supuesto por momentos cuesta como cualquier subida, pero el entorno es ideal y la recompensa llega: después de unos kilómetros, alcanzamos el mirador Arrayán y el Lácar se abre paso en toda su inmensidad, una inmensidad que desde la costanera no logra apreciarse del todo.

A medida que se asciende comienzan a aparecer las primeras vistas panorámicas de San Martín de los Andes
La hermosa vista del Lácar desde el mirador Arrayán

Unos metros arriba y con el último suspiro llegamos al premio mayor, la casa de té Arrayán.

Esta hermosa casa de troncos es patrimonio de la ciudad y ofrece un servicio del que sólo leíamos buenos comentarios. Y como buenos golosos (ahora que me doy cuenta esto podría ir también en Rincón Glotón) tuvimos que ir a comprobarlo.

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Pedimos cada uno un sabor de té, por mi parte lo acompañé con un budín de limón exquisito del cual me trajeron dos porciones generosas y sólo comí una, quizás todavía un poco falta de aire por la caminata. Ger se pidió la torta de chocolate blanco y frutos rojos más fantástica que hemos probado en la vida. Y se ve tan linda también que un señor que se sentó en una mesa contigua señaló la porción y dijo “¡Quiero eso!”.

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También se puede pedir el servicio completo de té que incluye de todo y es para compartir. Si sobra no se preocupen: todo se envuelve y se va con ustedes.

Es un poco caro, hay que decirlo. Pero recontra vale la pena, por los sabores y por el entorno.

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¡Una locura la vista!

Felices y contentos, regresamos a la ciudad a pie también. El descenso costó menos y de paso sirvió para bajar la comida. Abajo nos esperaba el sol escondiéndose y no podíamos cerrar el día con una postal mejor.

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