Rincón glotón: Dunkin’ Donuts hace todo bien, no solo las donas

¿Quién no escuchó hablar o vio algo referido a Dunkin’ Donuts? En alguna serie o película norteamericana siempre aparecen e incluso ¡estuvieron en Argentina!

Desde el momento que teníamos los pasajes para partir rumbo a Estados Unidos supe que iba a comer donas, muchas donas. Por supuesto con Dunkin’ Donuts como bandera. Una vez en suelo estadounidense descubrimos otra cadena de donas que nos conquistó, pero la dejamos para otro post.

Siempre nos preguntamos por qué en nuestro país no pegaron tanto las donas, de hecho esta cadena cerró sus locales de Capital Federal a fines de los ’90, era chico y nunca llegué a probarlas. Sin dudas no pudieron con la tradición local de facturas y medialunas.

Aterrizamos en New York aproximadamente a las 18 horas y recién llegamos a nuestro alojamiento en Harlem alrededor de las 20:30. Veníamos fundidos, era nuestro primer vuelo largo que por una demora terminó siendo diurno (originalmente salia casi a las 12 de la noche). De la emoción que teníamos no habíamos pegado un ojo la noche anterior que había sido viernes y ambos arrastrábamos la jornada laboral.

Cualquier persona normal se hubiera tirado a dormir para reponerse y arrancar al día siguiente con todo… pero no. Yo salí con toda la emoción del mundo a dar una vuelta y en la primera esquina encuentro un carrito de panchos atendido por un turco, me pedí uno con una Dr. Pepper (paciencia, habrá post de bebidas también) y mientras me lo preparaba una vieja se acerco a pedirme unas monedas y fue expulsada a los gritos por el turco… bienvenido a New York pensé.

Enfilé para el Central Park que lo teníamos a pocas cuadras del alojamiento mientras me iba maravillando por la ciudad y sus negocios. Al llegar veo en una esquina un local de Dunkin’ Donuts… obviamente me había terminado el pancho y la gaseosa, no me quedó otra que entrar a buscar el postre.
Vi un montón de donas distintas, me sentía como Homero en la tierra del chocolate. Atiné a pedir una (¡solo una! me avergüenzo de mi) con un café, ese fue el comienzo de una historia de amor.

dunkin donuts

Algo que nos gustó particularmente es que hay un millón de locales esparcidos por toda la ciudad y que tienen precios económicos. Además, el café no está nada mal, yo soy amante del café e iba con el prejuicio que los estadounidenses solo toman de filtro muy aguado y en pocos lados sirven espresso. Nos salvaron varias veces que necesitábamos un desayuno rápido para seguir nuestro camino, siempre hay uno cerca.

dunkin donuts

También venden los centros de las donas, algunos vienen rellenos. Los llaman Munchkins, por 2 dólares obtenemos una cajita con una docena de ellos.

En una recorrida por un supermercado encontramos paquetes de café de filtro, tienen de varios sabores como vainilla, avellana o canela… uno mejor que el otro.

dunkin donuts

También encontramos locales en España bajo el nombre Dunkin’ Coffee. Por supuesto que teníamos que probar si mantenían el sabor del otro lado del océano.

Ya es una marca global que está por varios países del mundo, mientras seguimos esperando que algún día vuelvan por estos lares…

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