Aida, Djibril y Mayana y nuestro alojamiento en Nueva York

Airbnb revolucionó el turismo al convertir hogares de familia comunes y corrientes en alojamientos para viajeros. A nosotros nos permitió ahorrar mucho en hospedaje en varias ciudades, especialmente en la siempre cara Nueva York, donde estuvimos dos semanas en 2017. Y de yapa nos hizo conocer a una familia hermosa, divertida y cálida que recordaremos siempre.

La plataforma tiene desde hace rato algunas limitaciones para operar en la Gran Manzana. Eso hizo que nos cancelaran el primer alojamiento que habíamos elegido, ubicado a un par de cuadras del límite norte del Central Park, en el barrio de Harlem. Al parecer ya no se permitía alquilar departamentos bajo esa modalidad en ese edificio.

Así que dos meses antes de viajar tuvimos que buscar otro lugar donde hospedarnos. Dimos entonces con el alojamiento de Aida, que nos atrajo por precio, ubicación similar a la reserva original y que según decía en la descripción de la publicación, sabía español. No tenemos problemas en comunicarnos en inglés, pero era un plus.

Reservamos para los 15 días, entonces, una habitación en su departamento, ubicado en la calle 116 en la esquina de las líneas 2 y 3 del metro que son express (no paran en todas las estaciones). Fue una excelente decisión, agradecimos mucho estar tan cerca del subte cuando llegábamos cansados y realmente descansamos y anduvimos hasta tarde sin problemas: Harlem es una zona muy tranquila, atrás quedaron esos prejuicios de barrio complicado. 

Cuando llegamos, nos esperaban los tres. Aida (francesa y con origen senegalés), y sus hijos Djibril y Mayana. Arribábamos a una ciudad inmensa, lejos de casa, pero estaban ellos tres dándonos la bienvenida con calidez y amabilidad. Pegamos excelente onda enseguida.

Cada día nos íbamos a la mañana a recorrer y normalmente no los cruzábamos, porque los chicos salían temprano hacia la escuela y Aida a trabajar. Pero cuando volvíamos al departamento y antes de meternos a nuestra habitación charlábamos un buen rato, a veces más de una hora, contándoles lo que habíamos hecho durante el día.

Nuestra habitación, muy confortable. Lo único malo: demasiado alta la calefacción. Como en todo EE.UU.
Foto: Airbnb

Djibril, que tenía unos 10 años, es una especie de Bart Simpson. Un nene muy gracioso, que nos cargaba todo el tiempo. Por ejemplo si decíamos “good night” antes de ir a dormir él te decía “good afternoon” y se reía. Tenía un micrófono y alguna que otra noche imitaba la voz del metro. Todo un personaje.

Mayana, su hermana menor, es una nena muy dulce y mucho más introvertida que su hermano. No le conocíamos tanto la voz como a él. 

Y Aida, su mamá, jefa del hogar, una mujer encantadora que estuvo atenta a todo.

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El living comedor. Foto: Airbnb

Hablábamos mucho sobre Argentina (Djibril era fan del fútbol) e incluso nos preguntaban sobre atracciones de Nueva York que ellos aún no conocían. También se sorprendían de que nos hayamos quedado dos semanas y de nuestros viajes en el día a Boston y Washington que no quedan tan cerca.

Todavía tenemos en la mente el pijama de Minions que tenía Djibril cada noche cuando llegábamos de recorrer y nos reímos. 

Los viajes no sólo permiten conocer lugares sino también personas maravillosas, y quedarse en una casa de familia contribuye a ello. 

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Ellos tres forman parte de nuestros recuerdos en Nueva York, una ciudad que amamos y creo que en parte es porque Aida, Djibril y Mayana nos hicieron sentir como en casa desde el primer momento. 

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