La pastelería francesa

Algo que disfrutamos muchísimo en los viajes es la gastronomía. Desde la comida callejera, pastelería, los paseos por los supermercados o también las cadenas de comida rápida que no están en nuestro país.

En nuestra visita a París nos encontramos con una enorme cantidad de panaderías y confiterías o mejor dicho, boulangeries y pâttiseries . La variedad que tienen es abrumadora, necesitaríamos varios meses para poder probar los distintos productos que ofrecen.

Empezamos de la mejor manera ya nuestro primer día admirando el show nocturno de luces de la Torre Eiffel desde Trocadero comiendo unos crepes recién hechos en un puestito cercano. Daniela va más con lo salado y eligió uno con jamón y queso mientras que a mi me gusta más lo dulce así que me lo pedí con Nutella.

Los crepes son únicos y lo mejor es que la calle está llena de puestos para comprarlos
Algunos precios de los crepes salados

De regreso al departamento paramos en una boulangerie y pedimos los famosos macarons. Habíamos probado algunos en Argentina pero a veces no son buenos. Los franceses desde ya son increíbles. Los acompañamos con una mini tarta de frambuesa, era tan linda la presentación que daba lastima comerla (si… claro).

Sin dudas, el merecedor de todos los premios fue el amandin pistache, eran unos pequeños bloques con la forma de pedacitos de torta de ricota pero rellenos de pistacho. No soy (no era) un amante del pistacho pero desde el momento que mordí ese amandin me hice fan incondicional.

El amandin pistache, los eclairs. Volver a ver las fotos nos hace agua la boca

Algo que podemos encontrar por todo París son los locales de Paul. Son famosos por su gran variedad de sándwiches que ya tienen listos para llevar o también prepararte en el momento. Nos han salvado algún almuerzo, no solo por la rapidez y practicidad de ir comiendo sus ricos sándwiches en baguettes por la calle, sino también por lo económico que resulta.

La pastelería francesa y su increíble variedad. Es la mejor del mundo. Vale la pena probar todo

Como punto negativo podemos mencionar la famosa crème brûlée que sirven en el Cafe Des 2 Moulins. El lugar se hizo conocido ya que allí trabajaba la protagonista de la película Amélie. No es que sea fea la crème brûlée de ahi pero no es para pagar €9.90 eso junto con un café.

Por 9,90 euros esperábamos una super creme brûlèe en el café de Amèlie… Nada del otro mundo y caro

Para cerrar dejamos una yapa de algo que no tiene que ver con la pastelería: la pizza de queso raclette. Es un queso muy común en Francia (aunque su origen es suizo) y se utiliza en varias comidas. Decidimos probar en un Pizza Hut la variedad de pizza con queso raclette, papa y panceta. La verdad estaba muy rica, aunque capaz le sumó unos puntos que la comimos frente a la Torre Eiffel… ¿quién sabe?

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